¡DEJA IR A MI PUEBLO PARA QUE ME RINDA CULTO EN EL DESIERTO!

Nosotros, Pastores y Laicos de confesión Evangélica miembros del
Concejo Ministerial de la República Argentina (CONMIRA), comprometidos
con la predicación y vida del evangelio de Nuestro Señor Jesucristo,
manifestamos nuestro asombro a observar que los líderes eclesiásticos han
guardado silencio ante tanto avasallamiento de quienes nos gobiernan y no
permiten que rindamos culto a nuestro Dios.


Diariamente miles de personas se reúnen para comprar alimentos en
supermercados e inclusive nosotros mismos atendemos a miles en nuestros
comedores y sin embargo, se nos prohíbe reunirnos para expresar nuestra fe y
se nos indica que se debe hacer o no en nuestra adoración a Dios. En algunos
lugares se autoriza las reuniones con menos del diez por ciento de la capacidad
de nuestros templos y se nos prohíbe cantar. Afirmamos que el estado no puede
entrometerse en nuestra forma de realizar el culto y no puede regular nuestra
forma de servicio a Dios.


Seguimos regulados por una ley gestada en plena dictadura, se nos usa
con fines electoralista cuando les conviene y no se tiene en cuenta la
esencialidad de nuestra función para ayudar a la comunidad a pasar esta larga
cuarentena y pandemia que sacude al mundo.


Por otra parte, preocupa, al punto de tratar de entender si sirven
realmente al Dios de la Biblia y su iglesia, el silencio de varios líderes evangélicos
que sólo se muestran cómplices del gobierno de turno y que jamás lograron ni
siquiera una ley que favorezca nuestros servicios. Han pasado más de treinta
años de democracia y no se recuerda a ningún miembro de las dos cámaras que
tome nuestra bandera y la exponga a nuestro favor. Sólo quedan las fotos con
gobernantes que sólo entregaron promesas nunca cumplidas y el orgullo de esos
líderes de estar reunidos con la cúpula de poder, pero sin resultados para la
iglesia de Cristo en Nuestra Nación.


¿Dónde quedó nuestra función profética? Hoy sólo estamos conformes
con aceptar que cierren nuestras iglesias y tolerar que nos intimiden diciendo
que si nos atrevemos a realizar reuniones de culto, seremos encarcelados, se nos
abrirá una causa penal y nos expropiaran los templos que con tantos sacrificios
logramos construir. Pero, mientras tanto seguimos atendiendo los comedores
dando de comer a miles de personas en todo el país.


Claro que debemos dar la otra mejilla y debemos sujetarnos a nuestras
autoridades, pero esto no debe ser así cuando se llega al extremo de imponernos
un derecho ganado en nuestra sociedad libre: la predicación del Evangelio.
A la nación le decimos: Es hora de volvernos con integridad de corazón
a los pies de Jesucristo arrepintiéndonos de nuestros pecados. Urge pedir
perdón por haber visto y muchas veces permitido que la corrupción sea una
forma de vida en nuestra sociedad; atentar contra la vida de todo ser humano y
no preocuparnos por nuestros hermanos. Les recordamos: Nuestra tarea
evangelística es esencial.


Invitamos a los líderes evangélicos a realizar una evaluación del trabajo
que hicieron hasta este momento y entender que el tiempo de su tarea ya
terminó. Lo más loable en esta parte de la historia de nuestra nación es dejar
que otros terminen lo que comenzaron.


Que faraón y todo su séquito se enoje si fuere necesario, pero no
aceptamos que se nos diga que no podemos rendir culto a Dios en los
templos donde confesamos su nombre.


COMISIÓN DIRECTIVA
CONMIRA

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