ALGUIEN LO TIENE QUE DECIR: EN LA ARGENTINA DE HOY, LOS CRISTIANOS ESTAMOS FUERA DE JUEGO

El aislamiento social, preventivo y obligatorio que entró en vigencia hace más de 80 días -y que no sabe hasta cuando continuará- comenzó siendo el motor que necesitaba el país para aplanar la curva de contagios y preparar el sistema de salud para la pandemia. Con el correr de los días y la evolución de esa curva achatada, se empezó a trabajar sobre la “nueva normalidad” con la apertura de distintos rubros para recuperar cierto grado de similitud con la etapa prepandemia.

En este contexto, de acuerdo a la situación del país se aceptaron distintos grados de apertura. Sin embargo, un común denominador -sin importar la instancia de casos y contagios- se dio en todas las regiones: la prohibición de celebrar reuniones y abrir los templos e iglesias para la comunidad. Si bien este proceso en un comienzo parecía lógico, a medida que transcurren los días se torna más inexplicable: en lo largo y ancho del país han abierto shoppings, bares, locales de ropa (con distintas modalidades), dependencias públicas y ¡hasta ha habido un equipo de fútbol que realizó un entrenamiento en la Capital Federal! Todo eso se pudo, pero la apertura de templos no.

Sin lugar a dudas que esto se debe a una pasividad notoria de todos los cristianos que nos hemos quedado en estado de shock. Recién hace algunas semanas se comenzó a mover el avispero pero transcurrimos más de dos meses sin reacción: incluso vimos persecuciones judiciales a Pastores por celebrar misas, como si fuera delito ser cristiano. Y lo hemos aceptado. Está claro que para que esto suceda hay responsabilidad de todos: desde los pastores y cristianos que aceptamos esto hasta las entidades de representación que se reúnen con los funcionarios correspondientes, sonríen para la foto y nada consiguen para la comunidad.

Tendremos que repensar nuestro futuro porque la avanzada sobre la religión parece estar vigente. Así como en otros países del mundo son perseguidos, acá estamos siendo callados. Da la impresión que mantener a los cristianos (y a cualquier religión) en estado de silencio y de manera pasiva es el negocio que aceptaron nuestros representantes. Y es vergonzoso. La contención espiritual está siendo aniquilada por quienes nada hacen para volver a nuestros templos y casas de oración. La virtualidad de la relación con nuestros pastores y hermanos no alcanza. La responsabilidad de revertir esto tiene que ser de aquellos quienes se jactan de ser parte del sistema institucional y de tener un vinculo con las autoridades nacionales: no está a nuestro alcance poder hablar con el presidente, los gobernadores o intendentes, pero sí tenemos la necesidad de hacernos escuchar.

En ese hacernos escuchar tenemos que decir lo que nadie dice y plantear lo que nadie plantea. En la Argentina de hoy, los cristianos estamos fuera de juego. Es lamentable pero es así. Tenemos la obligación de revertirlo o estaremos -aún más condenado-.

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