¡TEN ÁNIMO! – Por Isaias Lucy y Paulina Pando *

Desde que recuerdo siempre he asistido a una congregación y en mi familia siempre hemos estado entregados a Cristo sirviendo en su iglesia a la que tanto amamos. Pero a lo largo de estos años poco a poco he ido descubriendo fibras sencillas y poderosas del corazón de Jesús, por así decirlo; Y por sencillas no hablo de simples y sin transcendencia; Sino de fibras que conforman el fundamento de su persona y que nos constituyen en la identidad más grande que podremos alcanzar: el ser Hijos de Dios.

Ser como Cristo es el objetivo principal; Lo cual con el tiempo se transforma en la última meta de nuestra existencia. Pero, en algunas ocasiones también representa una de las confusiones mas grandes y uno de los obstáculos mas difíciles de vencer. ¿Por qué digo esto? Porque suele pasar que este deseo de ser conformados a la imagen de Cristo nos puede llevar a una falsa percepción del perfeccionamiento; y si no trazamos la diferencia podemos caer en un perfeccionismo inalcanzable. Pareciera que muchas veces ser como Cristo es sinónimo de DEJAR A UN LADO LAS EMOCIONES DIFÍCILES. Es como si al tener a Cristo no te fuera permitido sentir ninguna emoción adversa a la que cualquier ser humano esta expuesto en este planeta; muchas veces me encontré con frases como: “No deberías estar angustiado si tienes a Cristo” “¿Por qué tienes miedo si Cristo lo venció todo?”, entre otras… Es como si no estuviera permitido sentir otra emoción fuera de la alegría, o como si estuviera mal experimentar todas las demás emociones básicas con las que hemos sido creados. Ni hablar de aquellas enseñanzas como: “Dios va a cambiarte”; la cuál por cierto, desde mi adolescencia siempre cuestioné: “Si Dios quiere cambiarme, ¿Por qué me hizo de esta manera?” … y es que el problema con este tipo de enseñanza es que justifica que por causa de Cristo y su obra, ya no deberíamos tener acceso a emociones básicas con las que fuimos creados… Y es que a veces todavía sigue siendo difícil para muchos entender que Jesús siendo hombre es como cualquiera de nosotros, ¡y GRACIAS A DIOS! porque aún Él mismo experimentó una y otra vez cada emoción, y no solo eso ¡sino que se lo permitía a sí mismo sin problema!

Constantemente leemos expresiones de su corazón hacia al abatido, quebrantado, o temeroso diciendo: “TEN ÁNIMO!, NO TEMAS, NO SE ANGUSTIEN” … Y Podría parecer que estoy contradiciendo lo escrito anteriormente, pero todo depende del cristal con que se mire, y sobre todo del poder que existe en Sus palabras… Jesús dijo todo esto porque él estaba viendo y viviendo en carne propia las emociones que diariamente experimentamos, lo dijo, porque no le incomodaba que ¨pareciéramos¨ personas emocionalmente frágiles o no. Más bien, el estaba siendo totalmente empático, y Él más que nadie sabía que  él en si mismo era la solución; es decir, no estaba reprimiendo a nadie, sino ofreciendo un soporte eficaz, y una respuesta para superar juntos la prueba. ¡Que gran diferencia y que liberador!

No debemos nunca olvidar que él es el alfarero, Él es quien toma cosas rotas y quebradas para restaurarlas, renovarlas y hacerlas plenas. No las cambia o desecha por otras… Hoy puedo tener muchas cosas rotas e inconclusas en mi interior, pero a Dios no le espanta o incomoda como si esto detuviera en algún punto su voluntad, eso es precisamente lo que nos coloca en el mejor lugar para conocer Su inigualable esencia de ESPERANZA, FE y AMOR. Él me permite sentir para poder entrar en un proceso de victoria donde aún mis emociones, cualquiera que sean, me hacen depender de su mano para conocerle mejor; Conocerlo desde mi punto más bajo hasta el punto mas alto de victoria al cual me quiere llevar. ¡Cuán glorioso!

El conoce cada tiempo, y nos dice que hay tiempo para todo; para llorar, para reír, para luchar, etc. De hecho, él es quien conoce el fin de todo y nos ha contado en que termina nuestra historia: ¡Él gana y nosotros junto con él!

 El secreto es este: el manejo y la intensidad de nuestras emociones es una responsabilidad que corre por nuestra cuenta. Si vemos el ejemplo de la mujer con flujo de sangre; sabemos que era una mujer abatida por su enfermedad durante años la cual fue llevada por su angustia hasta los pies de Jesús. Y a sus pies, antes de que Jesús realizará el gran milagro, Él le dice: ¡TEN ÁNIMO! Esas simples palabras de Jesús validaron su angustia, y al mismo tiempo le dieron el acceso a la solución.

Ten la libertad de sentir tu angustia, pero no olvidemos que al mismo tiempo tenemos la respuesta en Jesús. Corramos hacia Él, porque Él es quien valida nuestro sentir y responderá a nuestro dolor diciendo: “ESTAMOS EN ESTO JUNTOS, ¡NO te olvides!” … Él te mostrará su alcance y poder de una manera que no conocías porque aquel que comenzó la buena obra, la terminará y perfeccionará día a día hasta ver un nuevo amanecer resplandecer sobre ti.  

*Integrante de La Fuente Ministerio

Isaías Lucy – @IsaLucy
Paulina pando – @PauilinaPando

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