PENTECOSTES: FINAL Y PRINCIPIO – Por Roberto Gongora *

“De repente, se oyó un ruido desde el cielo parecido al estruendo de un viento fuerte e impetuoso que llenó la casa donde estaban sentados. Luego, algo parecido a unas llamas o lenguas de fuego aparecieron y se posaron sobre cada uno de ellos. Y todos los presentes fueron llenos del Espíritu Santo…”Hechos 2:2-4a – NTV


31 de Mayo de 2020…, Domingo de Pentecostés. Pero como no es una fecha que acostumbramos celebrar, pasa de largo. Pentecostés era la Fiesta de la Cosecha; también conocida como la Fiesta de las Semanas o el Día de los Primeros Frutos. Se celebraba cincuenta días después de Pascua (Pesaj), recordando la salida de Egipto del pueblo de Israel.Pero esta vez pasó otra cosa.

La llegada del Espíritu Santo en Pentecostés marca el principio de algo inesperado, aunque prometido por el Señor en el Evangelio de Juan, “pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho”. Aunque, a decir verdad, un tanto borroneado por las dudas reinantes en el Aposento Alto.Se podría decir que el escenario era el adecuado para el “turismo” (fin de semana largo). Peregrinos de todas partes decían presente en aquella fiesta: partos, medos, elamitas, gente de Judea, Capadocia, Ponto, Asia, de Frigia, Panfilia, Egipto, Libia, Cirene, visitantes de Roma, cretenses y árabes.

“Según mi opinión…” la llegada del Espíritu Santo también marca el final de lo “acostumbrado”, de la rutina litúrgica.

A partir de ahora, las cosas serían diferentes para los discípulos, para Jerusalén y para el Imperio.

En aquella celebración había muchos que esperaban lo de siempre, la rutina. Esperaban el momento de encontrarse con otros conocidos de peregrinaje. Pero también había otros -un grupo- que esperaban otra cosa, con muchas preguntas y temores, pero esperaban otra cosa. Esperaban lo que se les había prometido, algo que no habían experimentado hasta ahora.Las instrucciones del Señor habían sido precisas: No se vayan de Jerusalén hasta que el Padre les envíe el regalo que les prometió… Tal vez algunos pensaban que ya tenían todo lo necesario para actuar, para desarrollar la misión; pero NO. Creían que ya tenían todas las credenciales para salir, para trabajar, para anunciar y comportarse como testigos “autorizados” de Jesús. Pero la verdad, es que todavía les faltaba algo.Cuando algo falta, no anda, no funciona. Si falta combustible… ¡no anda! Si falta una persona en el equipo, no se puede jugar. Pablo no tuvo fuerzas para predicar en Troas porque Tito no había llegado y no sabía qué le había pasado. Podremos insistir con lo que tenemos, con lo que hemos guardado o ahorrado; pero tenemos que reconocer que “algo nos está faltando”.“Según mi opinión…” la última fiesta de pentecostés que se celebró en las condiciones de siempre fue aquella, la que se celebró luego de la resurrección de Jesús. Hechos 2 marca el final de lo de siempre, de lo acostumbrado; para dar lugar a lo otro, lo nuevo. De ninguna manera es la llegada de un combustible, ni de una nube, ni de una paloma, ni de una energía que carga dominicalmente tus pilas.Se trata de la llegada de un EJECUTOR. Alguien que hará de tu vida algo irresistible, que transformará tu corazón, tu boca, tus pensamientos, tu vocabulario, tus intenciones, todo tu interior. Tal vez suceda lo mismo con la iglesia de Cristo (no hablo del Cuerpo de Cristo), es tiempo que le dé lugar al “Ejecutor”.En términos generales, la iglesia ha avanzado a través de la historia por la gracia de Dios, sumando sus estrategias, sus capacidades, sus recursos; pero tal vez, muy poco de eso haya sido aprobado y ejecutado por el Espíritu Santo. El investigador Sebastian Fath[1] estima que el número de evangélicos a principios de 2020 es de 660 millones. Según las estimaciones, en Argentina hay 5 millones. Haciendo cuentas simples, sobre 44 millones de habitantes, casi un 12% de los argentinos son evangélicos.

Me pregunto: ¿No es suficiente para provocar un cambio socio-espiritual en el país?

“Según mi opinión…” los mismos temores de aquellos refugiados en el Aposento Alto, también son nuestros temores. Entonces no se trata de cuánto conocemos a Cristo, sino ¿Cuánto logro Cristo de cada uno de nosotros? ¿Cuánto hemos dejado que el Espíritu Santo llene nuestras vidas?Con mucho respeto, pero totalmente convencido de ellos, quisiera compartir cinco (5) principios fundamentales para vivir la llenura del Espíritu Santo:

1. No lo MANEJAMOS nosotros. No le podemos ordenar nada. Vivir lleno del Espíritu Santo no significa que ahora tenemos libertad de hacer lo que queramos. Necesitamos tener en claro que el ser llenos del Espíritu Santo jamás va a otorgarnos autonomía -una especie de “licencia de conducir”-. A veces escuchamos declaraciones que rozan peligrosamente esta línea: “yo declaro, garantizo, hoy va a pasar…”. La única garantía para no deslizarnos hacia la banquina espiritual, es vivir en total dependencia del Señorío de Cristo.

2. Aceptar que es VIOLENTO, irrumpe Es todo o nada, no negocia. Porque se instala a partir de una actitud de reconocimiento personal, es entender que no podemos manejarnos solos. Como decía en el punto anterior, jamás tendremos autonomía espiritual.

3. Es el comienzo de un LENGUAJE NUEVO Comenzaron a hablar en otros idiomas, conforme el Espíritu Santo les daba esa capacidad (v4); ¡y aun así las oímos hablar en nuestra lengua materna! (v.8)”. Ya no hablamos otro idioma sino el de la intimidad con Dios. El punto aquí es que el otro recibe en su corazón el mensaje de la Palabra de Dios en un idioma que conoce. Creo que hay momentos en los que los demás “no entienden” lo que hablamos, solo nosotros. Si vivimos en la llenura del Espíritu Santo, nuestro “idioma” es distinto. Y ese idioma lo habla aquel que pasa tiempo en la intimidad con Dios.

4. Es un estruendo que CONFUNDE Pero no nos deja sumidos o knock-out en medio de la confusión. No es una confusión incomprensible sino aclaratoria del mover de Dios. Y cuando Él tiene libertad de acomodar las cosas de nuestra vida, se genera como una “santa confusión”. Nos damos cuenta de lo que era “nuestro” y lo que ahora viene de Dios.

5. Muestra los HECHOS DE DIOS“¡Oímos a esta gente hablar en nuestro propio idioma acerca de las cosas maravillosas que Dios ha hecho!” (v.11). Nunca…, jamás una persona llena del Espíritu Santo va a mostrar otra cosa, otro mensaje, sino el de Dios y sus grandes hechos. Jamás se verá nuestra capacidad. Las señales y los milagros siempre muestran a Dios, a Cristo, la Cruz.

Termino “según mi opinión” reconociendo que la llegada del Espíritu Santo al Aposento Alto provocó en medio del pueblo todo tipo de expresiones. Maravilla, perplejidad y hasta burla…

“Quedaron allí, maravillados y perplejos. «¿Qué querrá decir esto?», se preguntaban unos a otros. Pero otros entre la multitud se burlaban de ellos diciendo: «Solo están borrachos, eso es todo»”.

Pero no importa… son “gajes del oficio”.
¡Dios te bendiga y buena jornada!

*Pastor y Licenciado en Teología

Fuente: https://robertogongora.blogspot.com/2020/05/pentecostes-final-y-principio.html

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